miércoles, 3 de febrero de 2016

Radio en la niebla

El martes pasado me tomé un día libre para hacer una excursión de radio. La previsión era de cielo con nubes, pero sin lluvia. Incluso a mediodía podría salir el sol. Me acompañó mi amigo Luis Miguel, que me soporta con paciencia. Nuestro destino es Irede de Luna, un pueblo realmente pequeño donde acaba la carretera. Desde allí un camino forestal nos llevará hasta El Amargón, que tiene referencia SOTA EA1/LE-157 y mide 1.665 metros de altura.

Cuando llegamos a Irede encontramos que el cielo estaba totalmente cubierto y en cuanto empezamos a caminar la niebla nos cubrió por completo. El camino se inicia al final del pueblo y va subiendo al lado del arroyo de Rudiéganos. En algunos tramos había algo de nieve que apenas molestaba para caminar. A medida que ascendemos la niebla se hace más densa.
Este es el panorama este día desde El Amargón
Al llegar sin dificultad a lo alto del camino la niebla nos impide ver la cumbre. Finalmente tenemos que quedarnos entre unas rocas próximas a la cima, pues no hay camino, todo está mojado y las rocas resbalan con tremenda facilidad.

Sujeto la caña en un arbusto, despliego el hilo de la antena e instalo la emisora entre las rocas. La humedad es impresionante. Cualquier objeto sólido enseguida se moja por la condensación. Menos mal que por primera vez he traído la funda de la emisora. Esto ayuda a que no se condense agua sobre el metal.
Atendiendo a los corresponsales
Empiezo a llamar y enseguida me contesta mi primer corresponsal: OE7PHI, Hans, desde Austria. Rápidamente se forma el típico lío de todos-llamando-a-la-vez y no-hay-quien-se-aclare. Poco a poco voy respondiendo a los corresponsales. Destacan DL6FBK/P, Paul, desde otra cumbre en Alemania; N1GB, George, desde USA; y HB9AFI/P, Kurt, también desde una cumbre en Suiza. En total completo 21 contactos.

Como hace frío y todo está húmedo, en cuanto he contestado a todos los corresponsales, me despido, apago la emisora y recojo los trastos. He cumplido el objetivo y tengo miedo de que la humedad afecte a los equipos electrónicos. Además, mi amigo Luis Miguel se está quedando helado de frío.

En cuanto empezamos a caminar entramos de nuevo en calor. El descenso es rápido y sencillo. Ya cerca del pueblo salimos de la niebla y la temperatura es más agradable. No hemos parado a comer por no encontrar un lugar adecuado. Así que nos tomamos los bocadillos en el pueblo, aparentemente deshabitado, pero donde se está bien. Esta excursión habrá que repetirla con buen tiempo, porque el paisaje debe ser bonito y no hemos podidor ver nada.